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 Capítulo 11: Año celta

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Nasseilian
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MensajeTema: Capítulo 11: Año celta   Jue Sep 23, 2010 3:17 pm

Año celta

Al ser un sendero que coloca su especial atención en la naturaleza y el aprendizaje que deriva de ésta, el druidismo tiene también un sistema (o sistemas) para mirar y honrar los ciclos naturales.
Hay numerosas herramientas para sacarle el jugo a la faceta temporal del druidismo. Recordemos que muchas culturas paganas sostenían que mediante ritos ellos ayudaban a que el ciclo de estaciones se diera correctamente. Algo similar creían los celtas.
A grandes rasgos, se puede dividir el año –el cual posee 365 días, pues es el tiempo que tarda la tierra en dar una vuelta al sol- en una mitad oscura (Giamos) y una mitad luminosa (Samos). Samhain da comienzo a Giamos, mientras que Beltaine a Samos. Dentro de cada mitad, se encuentran las diferentes festividades, que enunciaremos más adelante. Cabe aclarar que Calan Gaeaf (nombre galés para Samhain) no pertenece a ninguna mitad, es el día “fuera del tiempo”. No pertenece a ninguno de los trece meses lunares, es un día para esperar el nuevo año.
Para analizar el calendario céltico, es fundamental aclarar que siempre que es necesario hablar de comienzos en el druidismo, estos empiezan en la oscuridad del vientre materno. Los días para este pueblo comenzaban al caer el sol, en la noche. La vida empieza en el vientre, la primavera comienza a sentirse aún cuando es crudo invierno. Por ello el año nuevo celta ocurre en esta nevada estación.
La etapa oscura del año es un período más reflexivo, de más actividad interior que exterior. El frío cubre la tierra, no es posible cosechar ni sembrar, y la actividad escolar o laboral está en su auge. Comienza con Samhain, que a su vez da lugar al comienzo del invierno. Éste llegará a su plenitud en el día más corto del año, el solsticio de invierno –donde para nuestra cultura occidental, comenzaría realmente esta estación-. Seguirán los días, y luego de esa cúspide, la oscuridad comenzará a menguar cada vez más, para dejar paso a la primavera, con Imbolc o la Fiesta de las Candelarias. Esta ocurre –como con todo cambio de estación- tres meses después de Samhain. Aún el frío se siente, pero la luz cada día crece y crece, y algunos vestigios de ese cambio se observan. El Samos comienza a crecer dentro del Giamos de manera imperceptible, pero constante. Su punto álgido será el equinoccio de primavera, donde ésta habrá alcanzado su punto máximo, al tener el día y la noche la misma duración, e irá aumentando la luz conforme nos acercamos al final de esta mitad oscura del año.
Y con la llegada de Beltaine aparece el verano y la mitad luminosa, Samos. El verano, el tiempo de la maduración y la exuberancia de la Naturaleza. Es un período de mayor actividad exterior y física. El calor y los colores llenan el ambiente. En este período se dan las vacaciones más extensas del año, y de por sí la gente suele estar más optimista. El verano en nuestra cultura comenzará en realidad un mes y medio después, con el solsticio de verano, el día más largo del año. Luego de este punto, invariablemente la luz irá menguando, preparándose para la oscuridad nuevamente. Con el tiempo llega el otoño y Lughnassadh, la fiesta de la cosecha. Esta estación ya marca la disminución de la fuerza del Samos. Es la oscuridad dentro de la luz, el recordatorio de que la rueda sigue perpetuamente girando. Su punto más alto será el equinoccio de otoño, donde el día y la noche tendrán igual duración. A partir de aquí, la oscuridad ganará más y más horas, hasta un mes y medio después, donde Samhain aparecerá nuevamente con otro año bajo el brazo.
Esta es, a grandes rasgos, la rueda del año celta. Dividida en dos mitades, existen ocho festividades que van marcando el paso del tiempo, separadas entre sí por un mes y medio. Pueden dividirse en dos grupos de cuatro. En ese caso, cada festividad estará separada de su festividad hermana por tres meses.
Como verás, la mitad luminosa no aparece en el punto más alto de la luz, sino que hace acto de presencia cuando ya está asegurada esa victoria. Primero crece en la oscuridad para poder luego llegar a su climax y luego envejecer para morir y nacer nuevamente. Lo mismo ocurre con la mitad oscura del año y con todo en la perspectiva druídica. Todo tiene su nacimiento, su crecimiento, su auge, su degeneración y su muerte, la cual da inicio a otro nacimiento. Es un ciclo perpetuo, que rige desde el año calendario hasta el comienzo y final de cada una de las festividades.
Alexei Kondratiev (1998) divide en cuatro grupos las celebraciones que los druidas realizan actualmente. Estos son el ciclo de la tierra, el ciclo del sol, el ciclo de la luna, y el ciclo de los acontecimientos.
El ciclo del sol es el paso astronómico que da la tierra alrededor del sol, que lo aleja y lo acerca de nosotros. Fruto de esta variación son las estaciones (invierno, primavera, verano y otoño) y lo que para la cultura occidental son sus comienzos: los equinoccios y los solsticios. Son cuatro, y reciben los nombres que quizás ya hayas escuchado: Alban Arthan, Alban Eilir, Alban Hefin y Alban Elfed, o sus equivalentes wiccanos Litha, Yule, Ostara y Mabon. Alban Arthan, Yule o solsticio de inverno es la primer festividad del año. Es el día más corto del año, puesto que el sol se haya más distante. Alban Hefin, Litha o solsticio de verano es su antítesis. Es el período de luz solar más largo del año, exactamente seis meses luego. Alban Eilir, Ostara, o equinoccio de primavera plantea un punto de equilibrio entre día y noche, al igual que Alban Elfed, Mabon o equinoccio de otoño, a seis meses de distancia.
Por otro lado, el ciclo de la Tierra es el ciclo agrícola, de las cosechas. Tenemos una estación donde se recolecta y cosecha todo lo crecido (otoño) y se almacena para la siguiente, en donde la nieve abunda y nada crece (invierno). Luego viene la época de plantación (primavera) y posteriormente la maduración de los frutos (verano). Los que los dan inicio son cuatro festividades, conocidas como Samhain, Imbolc, Beltaine y Lughnassadh. Estas celebraciones son las más importantes para el calendario druídico, y poseen una simbología bien amplia, que no mencionaré aquí. Que baste decir que representaban el paso de las distintas tareas agrícolas, actividad sostén de la tribu.
El ciclo de la luna es conocido por el término wiccano Esbat (a las festividades de los dos ciclos anteriores se les llama Sabat en esa tradición). Es la celebración del paso de la luna, desde su nacimiento a su posterior reencarnación. Suelen ser ceremonias más íntimas, haciendo alusión al inconsciente y los instintos. Son muy celebradas individualmente o en grupos reducidos donde hay una gran afinidad. El satélite de nuestro planeta provoca numerosos cambios en la Tierra, como las mareas, y aunque no lo creas, el ciclo menstrual de la mujer. Mientras el sol es el sinónimo del hombre y la actividad agrícola y por ende externa, la luna es símbolo femenino, de la magia y la actividad interna e instintiva del ser humano. Son trece lunas por año, separadas por un período de 29, 5 días.
Por último, el ciclo de los acontecimientos son fechas históricas relevantes. En este grupo más heterogéneo están desde los cumpleaños de amigos y familiares, fiestas patronales de santos –en el cristianismo celta-, fiestas tradicionales de distintos países –en los druidas de más orientación histórica y apegada a una tradición en particular-, los llamados ritos de paso –nacimientos, casamientos, iniciaciones, funerales- y un gran etcétera.
No todos los druidas celebran de igual manera estos hitos en el calendario. Algunos sostiene que no hay evidencia certera de que los celtas celebrasen el ciclo del sol, y no lo honran. Otros dan mayor importancia a éste que a las festividades de la tierra, argumentando que las culturas paganas de su zona colocan al año nuevo en el solsticio de invierno y no en una fecha como Samhain. Muchos practicantes prestan atención a cada luna llena mientras que otros prefieren celebrar tanto la llena como la nueva, o las cuatro fases lunares. No todos celebran el ciclo de los acontecimientos o todas las fechas que están en ese grupo. Como con todo, esta decisión pasa por las convicciones propias de cada practicante.
Como en su mayoría son momentos relacionados con estadíos de la naturaleza, muchos druidas han creído en la necesidad de adaptar las fechas a su lugar de residencia. Los celtas fueron un pueblo del hemisferio Norte, por ello, su invierno comenzaba un 31 de octubre para concluir en febrero. Aquí, en el hemisferio Sur, son los meses más calurosos del año, pues serían los equivalentes al verano céltico. Yo opté por respetar los ciclos de mi zona, y corrí seis meses todo el calendario, por lo menos los ciclos de la tierra, del sol y de la luna. El ciclo de los acontecimientos es más histórico que otra cosa, por lo que no me pareció tan relevante modificarlo. Para ambos hemisferios, las fechas son así:
Festividad/Hemisferio Hemisferio Norte Hemisferio Sur
Samhain Noche entre el 31 de Octubre y el 1º de NoviembreNoche entre el 1º de Mayo y el 2º de Mayo
Imbolc Noche entre el 1º de Febrero y el 2º de Febrero Noche entre el 1º de Agosto y el 2º de Agosto
Beltaine Noche del 1º de Mayo al 2º de Mayo Noche entre el 31 de Octubre y el 1º de Noviembre
Lughnassadh Noche entre el 1º de Agosto y el 2º de AgostoNoche entre el 1º de Febrero y el 2º de Febrero
Yule Depende el año, aproximadamente 21/22 de Diciembre Depende el año, aproximadamente 21/22 de Junio
Ostara Depende el año, aproximadamente 21/22 de Marzo Depende el año, aproximadamente 21/22 de Septiembre
Litha Depende el año, aproximadamente 21/22 de Junio Depende el año, aproximadamente 21/22 de Diciembre
Mabon Depende el año, aproximadamente 21/22 de SeptiembreDepende el año, aproximadamente 21/22 de Marzo


Nota: No coloqué las fechas del calendario lunar, puesto que varían cada año. Además, existen distintos sistemas para clasificarlas, los cuales puedes encontrar en el foro del Gorsedd (http://gorseddjaguar.own0.com)
Estas son a grandes rasgos las variaciones que seguían los celtas a lo largo del año. Por lo menos las más confirmadas antropológica y arqueológicamente. Además existen teorías que dividen el año en meses, dando a cada período –que algunos dividen cada 28 días, y otros plantean segmentos más irregulares- un árbol de patrono.
El cambio de estaciones tiene una mitología, que estudiarás en el próximo curso –o investigando en Internet, que es una excelente fuente de información.
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MensajeTema: Re: Capítulo 11: Año celta   Jue Sep 23, 2010 3:17 pm

Tarea:
Despeja las dudas que tengas, e investiga lo que te llame la atención, como siempre. Elige un ciclo de festividades, busca información en Internet y escribe un ensayo de cómo mínimo 3 páginas. Puedes ayudarte con las siguientes preguntas o seguir las que prefieras: ¿qué es lo que ocurre a lo largo del año en este ciclo?,¿Qué aspecto de la naturaleza observa?, ¿cómo pueden equipararse esos hitos a la psique humana?, ¿Por qué es importante seguir estas fechas?

Tarea adicional (no obligatoria):
Investiga sobre las distintas festividades, tanto de su mitología, su historia, las
tradiciones de cada una y los rituales correspondientes. Observa si existen
similitudes con la tradición de tu zona.
Sigue a lo largo del año las festividades, centrándote en las
estaciones, las fases luminosa y oscura, los climas, las lluvias…
aprende cómo se desenvuelve la naturaleza de tu lugar

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MensajeTema: Re: Capítulo 11: Año celta   Jue Sep 23, 2010 3:18 pm

Caminas por el bosque con la druidesa al frente mostrándote el camino, y un perro juguetón que desde hace algunos días anda vagando por el bosque, en la retaguardia. Es más temprano que de costumbre, aún el sol no ha salido. Ya comienzas a especular qué enseñanza traerá el nuevo día.
Mientras tanto, disfrutas de los árboles cubiertos de rocío, de la escarcha en el firme suelo, y el silencio característico de ese momento en que los grillos se han retirado y los pájaros aún no han abierto sus ojos.
Se detienen al pie de la montaña que tantas veces subiste. Pero esta vez, hay un orificio por el cual tu guía entra, internándose en sus entrañas. Hasta hace un momento, hubieses jurado que no existía tal lugar. Te agachas para ingresar –ella adoptó la figura de un muchachito ágil y de menor estatura- y ayudándote con las manos en las paredes húmedas y arrastrando los pies para no tropezar, caminas en la total oscuridad. Ya estaba bastante oscuro afuera, no hacía falta internarse en un lugar más negro, piensas con sarcasmo.
Tus manos empiezan a no poder tocar la roca, el túnel se ensancha, hasta que parece acabar en una cámara interna. Tus ojos están un poco acostumbrados a la oscuridad, por lo que puedes distinguir vagamente la figura del niño en el centro del recinto, frente a una masa indefinida, un tótem quizá. Adelantas un pie para acercarte, pero inmediatamente te detiene con un gesto de su mano. Estaba de espaldas cuando viniste, pero ahora gira hacia ti, y mira hacia el suelo, esperando.
Simplemente maravillado. No hay más palabras para describir lo que pasa. De algún lugar, de un pequeño orificio en la dura roca, entró un has de luz. El sol está saliendo, y ese resplandor llegó hasta la roca cubierta por momentos de una gema azulada que refleja y refracta su luminosidad. Ves sorprendido cómo una densa vegetación que creías imposible de encontrar dentro de una montaña habita allí, con sus hojas anchas, los troncos firmes y el silencioso aleteo de las mariposas. La respuesta de cómo sobreviven está frente a ti: lo que confundiste con un tótem es en realidad una pila de rocas, en cuyo extremo más salto nace una vertiente de agua cristalina. Cae a borbotones entre las piedras y forma un pequeño lago en la cámara de la montaña. Te quedas pasmado al ver a tu guía parada en medio del agua, aunque eso no fue precisamente lo que te llamó la atención.
La luz sale por encima de la cascada –ahora lo descubriste- por lo que ilumina desde atrás esa silueta de mujer. Los rayos se refractan en su pelo y alrededor de su cuerpo, dándole una apariencia majestuosa. Pero ella ya no es ella, ni tampoco él.
Sus pies descalzos apenas tocan con la punta de los dedos el espejo de agua. Su vestimenta es vaporosa, similar a un vestido de gasa, pero con numerosos retazos que parecen flotar, haciendo caso omiso a la gravedad. Su tela es tornasolada, y los colores que posee se transforman en otros a cada momento. Sus manos morenas y delicadas sostienen sendas flores, mientras que una enredadera se enrosca desde un brazo hasta el otro. El cabello largo hasta poco menos que la planta de los pies del mismo color tierra que su cuerpo. Al abrir los ojos dos trozos de jade te saludan y no puedes más que caer arrodillado en la orilla de aquel lago interno de aquella montaña. Estás ante Gaia, Dana, Natura… la Madre Tierra misma.
Sus labios se abren lentamente y comienza a entonar una dulce canción. Sus pies se mueven al compás y en esa danza inverosímil, comprendes. No importa de dónde, pero las palabras comienzan a aparecer en tu cabeza y te cuentas a ti mismo, mientras sigues con tu mirada el baile:
La Naturaleza nunca ha parado. Su secreto está en que siempre fluye, y de nada se aferra. Y eso le concede el don de la eternidad, puesto que siempre es algo distinto. Muere a cada instante y por ello renace al momento siguiente.
La danza se acercó hacia una orilla y el sol que seguía saliendo allá afuera, comenzó a iluminar un roble. Ella extendió su mano hacia una rama, y lo sacó a bailar. Sólo que ya no era un roble, sino era el Rey Roble. Consorte de la Madre Tierra.
La voz continúa diciendo mientras la pareja baila sobre la superficie del lago: el Rey del Roble es expansión, es fuerza, es crecimiento. Está en su auge de poder, estamos en el día más largo del año, donde todo refulge y los colores inundan el paisaje. Hace muy poco que está gobernando, pero todo el cosmos se ha empapado de su energía, de su fertilidad y entrega. ¿Ves el vientre de Dana? Ése es el niño que ambos han creado. Pero la Madre Tierra todo lo sabe y lo conoce, y no se aferra a nada.
Con el solsticio, ha llegado la madurez del Rey del Roble, así como la madurez de los frutos. El venado vigila silencioso desde el bosque. Conforme pasan los días la Naturaleza, que también se ve influenciada por su aura, libera toda la energía contenida, da todos sus frutos y poco a poco comienza a prepararse la etapa de sueño, de esperar.
La cosecha sigue a la recolección de frutas y mientras el vientre se abulta cada vez más, el Rey comienza a envejecer. La luz del lago empieza a tomar un matiz mortecino, por lo que hace parecer más anciano el rostro del bailarín. Los árboles comienzan a perder sus hojas, que colorean el espejo de agua con numerosos colores. Poco a poco la luz comienza a disminuir y el año agrícola está llegando a su fin. El Hombre Verde sabe lo que está sucediendo como así también lo saben Dana y el ciervo. Todo fluye, todo cambia.
Como si hubiese una nube que impidiera la llegada de la luz, todo se oscurece. De entre las hojas aparecen multitud de luciérnagas que revolotean por todo el escenario. Algunas se acercan al otro extremo del lago, a un acebo, que llama la atención con sus frutos rojos. Las alas rozaron su corteza, y calmo y sabio, se acercó a la superficie acuática un nuevo personaje. Llega el día, llega la Noche de los Espíritus. El velo del Otro Mundo parece palidecer y el caos reina sobre la tierra. El Rey del Acebo hace acto de presencia y reclama su consorte. La batalla comienza y nada puede hacer el avejentado Rey de la Luz contra el rejuvenecido Señor de la Oscuridad: inevitablemente muere. La Madre Tierra da un paso hacia atrás y observa serena como la danza armoniosa se torna guerrera y cómo ambos competidores despliegan fuerza y astucia. Sin embargo, lees en los ojos de ambos que saben lo que va a ocurrir, y hay aceptación en ellos. Esperan pacientemente, hasta que una mano del Rey del Acebo da de lleno en el pecho del anciano y éste cae al agua, hundiéndose y desapareciendo.
El Rey del Acebo es contracción, envejecimiento, muerte. Dana cae enamorada de él, ya con la figura de una mujer madura, no como doncella. Pero él es el Rey del Otro Mundo, y debe volver a él. Ella lo acompaña, con su vientre cada vez más hinchado, y el invierno se yergue sobre la tierra. La tierra permanece dormida, recuperándose de la exuberancia del Rey del Roble.
Un tiempo después, ella da a luz al niño, en el día más corto del año. El Señor del Otro Mundo se haya en todo su esplendor, pero en su propia morada, nace el niño sol, la semilla de su eterno enemigo. El vientre de la mujer que había crecido y crecido desciende a su posición original, y en su lugar las enredaderas forman una especie de manto sobre el bebé que sostiene en sus brazos. De él emana una luz tenue, que ilumina su rostro. El llanto de la madre no tendrá precedente en la tierra cuando, al tercer día de nacido desaparezca.
El manto verde está vacío y la oscuridad de la caverna es aún más profunda. Alcanzas apenas a distinguir cómo el Rey Acebo rodea y abraza a su consorte, mientras su danza toma un tinte sumamente trágico. Nunca se sabe a dónde le llevan: pero permanece escondido, a salvo.
La noche más larga ya ha pasado, y la luz día a día comienza a durar más. Poco a poco la naturaleza parece despertar de un largo sueño. La bailarina empieza a rejuvenecerse, al compás de un ritmo un poco más acelerado que el anterior. El Rey Acebo está perdiendo poder, y lo sabe. Gracias a él la tierra pudo descansar del trabajo y recobrar su fertilidad. Pero si se queda más de lo necesario, la muerte y lo yermo se extendería sobre las praderas.
Llega el momento en que la nieve comienza a derretirse y las ovejas paren a sus crías. Imbolc ha llegado y con él la primavera. Del pelo de la Madre Tierra empiezan a abrirse unos inocentes capullos, como así también de la vegetación que circunda su pista de baile. La luz ya te permite volver a ver toda la caverna, que parece rodeada de un velo oro y de colores anaranjados. Acebo envejece y sus pasos son cada vez más torpes y lentos, dejando a veces bailar sola a su consorte.
La luz crece, las semillas son plantadas y la naturaleza poco a poco va acelerando su ritmo. El niño sol aparece en esta época, bajo la forma de un joven fuerte y decidido. El Rey Roble crece mientras el Rey Acebo envejece, ambos esperando el momento del combate. Del agua emerge una figura hercúlea, un muchacho con los ojos encendidos de entusiasmo, y se pone a bailar a cierta distancia de la pareja, pero atento a sus movimientos.
Con el equinoccio de primavera la luz y la oscuridad vuelven a tener la misma fuerza, y el día es mayor que la noche a partir de entonces. La danza cobra matices más marcados, el Rey del Roble se está acercando peligrosamente a la pareja, mientras ella, quien va cobrando la forma de una doncella inocente, lo mira cada vez más con deseo.
Es necesario que los frutos sean dados, que la luz inunde la tierra y ésta vuelva a ser generosa con sus hijos. Llega Beltaine, y ante este pensamiento todas las plantas a tu alrededor parecen explotar en brotes y sus hojas y frutos crecen a velocidad descomunal. Nuevamente, Dana se aleja y ve como sus dos consortes pelean una vez más, y observa como ahora es el Rey Acebo quien pierde la batalla, quedando de espaldas en la superficie del lago.
Mientras el Rey Sol muere cada año, el Rey del Otro Mundo es inmortal, puesto que cambia continuamente, al igual que la Madre Tierra. Es el Guardián de los otros reinos, y su existencia es eterna. Luego de su derrota, el bailarín comienza una danza solitaria y extraña, con movimientos imposibles de realizar para un humano, hasta que luego de un giro, aparece bajo la forma de un ciervo.
Custodia desde los bosques lo que ocurre, bajo la forma de este bello animal. Como está solo, se asienta en si mismo y descubre los poderosos secretos que guarda. Su cornamenta es señal de la iluminación por la que está atravesando. El animal gira hacia ti, te mira, inclina la cabeza en un gesto demasiado significativo y luego de un poderoso salto, desaparece entre el verde.
La pareja que baila como al principio, fuertes y seguros, se van acercando a la orilla. Allí, Natura pisa tierra firme, y continúa bailando cada vez más lentamente, mientras el Rey Roble desaparece. La luz de la caverna comienza a disminuir y esta comienza parecerse más a un lúgubre lugar dentro de una montaña, y la magia parece esfumarse del aire.
La druidesa en un último giro ya como ella, cae livianamente al suelo, dormida. La observas y distingues que la belleza y divinidad de la que fuiste presente se haya en ella, en estado latente, igual que en cada ser vivo de esta tierra.
Te acercas tímidamente y decides que es buena idea alzarla y llevarla de nuevo a la cabaña, antes de que la tarde avance y sea imposible volver por la nevada inminente.
Apenas te acercas, un cúmulo de luciérnagas se acerca y la cubre por completo. Ante tu sorpresa, seres de luz saltarines comienzan a acomodar a la chamana en un colchón de estos insectos, y comienzan a escoltarla hacia la salida. Una de aquellas siluetas se te acerca zumbando alegre y tira de tu brazo. Síguenos.
Regresas a la cabaña con esta extraña y bella comitiva. Como muchas veces, los animales se agregan al desfile y lo acompañan en procesión. Abres la puerta de la morada y las hadas depositan suavemente el cuerpo acompasado de la druidesa sobre un manto que ahora comprendes para qué fue preparado. Se fueron tan misteriosamente como llegaron.
Al instante la druidesa abre los ojos, y sonríe. Se sienta y permanece quieta, quizá acomodando las ideas. Luego te observa, e investiga en tus ojos. Tú todavía te encuentras maravillado por lo que viste pero respondes, a modo de conclusión:
-Todo es una espiral, todo está en perfecto y continuo movimiento. Y en éste secreto, está la eternidad del mundo –afirmas y te devuelve una mirada sugestiva.
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