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 Capítulo 10: Los elementos

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Nasseilian
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MensajeTema: Capítulo 10: Los elementos   Jue Sep 23, 2010 3:09 pm

Los elementos
¿De qué está compuesto el mundo?, ¿Qué sustancias lo forman? Veamos cuales son los sistemas que se inventaron para responder a estas preguntas.
La teoría más difundida sin duda, es la griega de los cuatro elementos. Si bien no se han encontrado fuentes célticas que señalen que los druidas tenían esta cosmología, algunas órdenes la aceptan por ser la más conocida en el ámbito ocultista. Sin duda, si has caminado por ese sendero, encontrarás que con ligeras adaptaciones no es tan lejana a la perspectiva celta.
Esta clasificación plantea la existencia de un principio húmedo y frío: el agua, un principio húmedo y caliente: la tierra, un principio seco y frío: el aire, un principio seco y caliente: el fuego.
Esta clasificación aún la siguen magos de todo el mundo y es una de las más utilizadas a la hora de crear un altar o un ritual. Hay una variante de la misma, que es el agregado de un quinto elemento, el akasha, o éter, que vendría a ser la síntesis de los otros cuatro, o mejor dicho, su forma “refinada”.
La clasificación celta más relacionada con ésta, se divide en tres: Agua, Tierra, y Aire. Sostiene que el fuego no es un elemento, puesto que no ocupa espacio en la materia, y además, que es una mezcla de los anteriores. Al hablar de los Tres Reinos, los druidas colocan el fuego en el centro y como puente entre las tres realidades. También simbolizan en sus trabajos a los tres elementos de forma externa, y al fuego como el calor humano, internamente. En este sentido, las llamas vendrían a representar las conexiones, los vínculos entre los tres elementos, entre los tres Reinos y entre las tres partes del ser humano: el awen.
Otra clasificación druídica es la creencia en el Duíle y los nueve elementos. Esta energía se divide en nueve elementos, que en cada plano se manifiesta de forma distinta. Ellos son la piedra, la tierra, las plantas, el mar, el viento, la luna, el sol, la nube y el cielo.
Piedra: En el plano del yo, cnaimh, los huesos. En el cosmos, cloch, la piedra. En la dirección, thuaidh, el norte. En magia, la Lia Fáil. Los huesos son la estructura que sostiene el cuerpo. Son la figura del caldero de la Vocación. Contienen la magia de la persona. La piedra es la estructura de la casa, como el hueso de nuestro cuerpo.
Tierra: En el yo, colaind, la carne. En el cosmos, talamh, la tierra. En la dirección Faoi, abajo. En la magia, el nemeton. La carne es la que nos da consistencia, como la tierra al mundo. Es la que nos da fuerza y movimiento. Trabajador principal del caldero de la Vocación.
Las plantas: En el yo, Gruaigh, el pelo y la piel. En el cosmos, uaine, la "vida verde", las plantas. Dirección amach, hacia afuera. En la magia, ogham y las hierbas. La piel y el pelo son nuestros sensores. Como podemos sentir, también uno puede darse cuenta como está por su piel y pelo, igual que con los árboles y plantas. Son la cubierta del caldero de la Vocación.
Mar: Enel yo, fuil, la sangre. En el cosmos, muir, el mar. En dirección, ior, siar, el oeste. En magia, el caldero. La sangre es el río de la vida, reflejando nuestro estado emocional. Es uno de los tres fuegos del Caldero de la Calidez. El mar refleja las emociones de la tierra, siendo el caldero de la abundancia del mundo.
Viento: En el yo, anal (aliento o respiración). En el cosmos, Gaeth (viento). En la dirección air, oithear, el este. En la magia, la espada de Nuada. El aliento es la constante renovación. Relajación y claridad de pensamientos y sentimientos. Alimenta la sangre. Uno de los 3 fuegos del Caldero de la Calidez o Incubación. Los vientos (el aliento de cambios) son los que afectan nuestros humores. El viento es el aliento de los paraísos.
Luna: En el yo, imaradud, la mente. EN el cosmos, gealach, la luna. En la dirección, isteach, hacia adentro. En la magia, el pozo de Segais. Para los celtas, la sabiduría flotaba en calderos y pozos, como las ondas alpha. La luna es el fenómeno que controla las ondas del mar y la tierra. Símbolo de los pensamientos interiores. Es uno de los 3 fuegos del Caldero de la Calidez.
Sol: En el yo, dreach, el rostro. En el cosmos, griam, el sol. En la dirección, deas, deis, el sur. En la magia, la lanza de Lugh. La cara es la ventana a nuestra personalidad. El honor, representado por el rostro, era más importante que la vida misma. Es el sol que ilumina el mundo para verlo como es. La cara es la apertura del Caldero del Conocimiento.
Nube: En el yo, menma, el cerebro. En el cosmos, Nel, la nube. En la dirección, thrid, a través de. En la magia, el imbas. El cerebro es la plataforma de los pensamientos y memorias, es el arquitecto de nuestras habilidades mentales. Es el guiso, la sustancia del Caldero del Conocimiento, como las nubes y las estrellas son la sustancia de los dioses. Interpretar las nubes, es conocer la sabiduría de los Dioses.
Cielo/paraíso: En el yo, ceann, la cabeza. En el cosmos, neamh, el paraíso. En la dirección, os cionn, encima. En la magia, el torque/halo. Era algo muy venerado. Es la contenedora de la personalidad y el alma. La cabeza gobierna el cuerpo, como el paraíso reina la tierra. La cabeza es el contenedor del Caldero del Conocimiento.
Esta clasificación hace referencia a los tres Calderos o Coires, búscalos en el apéndice II. También te recomiendo que releas la oración que hay al comienzo de este curso. Si te fijas con cuidado, verás a los nueve elementos en sus versos.
Por último, en el druidismo galés, se habla de cinco materias de toda existencia, y de tres elementos principales. Las materias serían la rigidez, la fluidez, el aire, el sol y la extensión, y los tres elementos serían el fuego, el agua y la extensión.
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MensajeTema: Re: Capítulo 10: Los elementos   Jue Sep 23, 2010 3:09 pm

Tarea:
Relee . Despeja las dudas. Escribe un ensayo comparando dos formas de clasificar los elementos, de cómo mínimo 3 páginas. Busca más información de ser necesario.


Tarea adicional (no obligatoria):
Experimenta cada uno de los elementos, meditando. Para ello, rodéate o posa
la mirada en el aspecto que desees profundizar y deja que tu conciencia
divague. Busca además sobre los elementos en la cultura de tu zona.
Las fuentes ocultistas te podrán proveer de más información con
respecto a los cuatro elementos.
¿Cómo podrías relacionar el Duile con los tres
Reinos?¿Y cómo con los Coires (apéndice II)?
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MensajeTema: Re: Capítulo 10: Los elementos   Jue Sep 23, 2010 3:09 pm

Van caminando entre los árboles, como siempre. Un pájaro distraído se ha posado sobre el hombro de tu guía, y observa distraídamente el horizonte lejano. Estás un poco ensimismado en tus pensamientos, pero también captando los sucesos a tu alrededor. La luz se cuela entre las hojas amarillentas, derritiendo la escarcha matutina. Mientras observas los colores del paisaje, el ave despliega sus alas y viaja del hombro de tu guía hacia ti. Levantas la mano instintivamente, y posa sus garras delicadamente en tu muñeca. Te mira expresivamente con sus ojos negros, queriéndote transmitir una confianza que te inunda.
-¿Cómo es que eres capaz de manipular al bosque a tu gusto? –la pregunta hacía tiempo rondaba tu cabeza, pero nunca te habías atrevido a pronunciarla, quizá por creerla demasiado infantil.
La druidesa voltea para mirarte, sorprendida. Estudia tus ojos por unos momentos y te contesta:
-El bosque es un ser con conciencia propia, y un delicado equilibrio. Y como ser independiente de mí, tiene sus propias acciones. A veces, yo le pido un favor y éste me lo concede, pero no lo estoy obligando a nada.
-No me refiero a eso –le contestas-, entiendo lo que me dices, pero hay veces en que ves una roca y vuela hacia ti, que el fuego sale de tus manos sin otro elemento que tu piel y tu carne, y que la lluvia parece no mojar tanto por donde tu pasas.
La druidesa sonríe, entiende de lo que hablas. Luego, enigmáticamente, susurra “eso sólo es un truco”. Toma tu mano, y te insta a seguirla por el camino en el que iban antes de tu pregunta. La sigues, y terminan en el conocido claro de las enseñanzas.
Algunas cosas han cambiado. En el centro hay una circunferencia hecha por ocho rocas. En su interior no crece el pasto, sólo está la paciente tierra. Más atrás hay un estanque y al lado de éste, una fogata con una estructura de troncos que sostiene un caldero burbujeante. Esto parece interesante.
-El druida busca comprender y conocer a la naturaleza más que otra cosa. Pasa horas observando un tallo crecer, días esperando el alumbramiento de una hembra, semanas estudiando el movimiento de los astros. Gasta tanto tiempo haciendo esto y aquello, que a veces se olvida de sí mismo, y sólo ve y siente lo que Natura le muestra. ¿Alguna vez tuviste esa sensación de olvidarte de ti, de tu cuerpo y tu mente, y de sólo prestar atención a algo? Curiosamente, ese “algo” no es solamente tu entorno, sino también tu cuerpo y tu mente, sólo que los percibes como algo externo a ti. ¿Alguna vez te sentiste así?
-El druida también observa detenidamente su cuerpo, aprende de su crecimiento y muerte, de sus sensaciones, de sus limitaciones y progresos. Aprende a respetar esta parte de él, y a no darle más importancia que a la mente o al alma. A estas también las investiga, las moldea, y observa. Y descubre cosas que lo maravillan y que lo aterran.
-Ahora, llegará un momento en que el practicante quizá descubra que hay semejanzas entre el “mundo externo” y su interior. Que hay más que semejanzas… que hay una identidad –te mira, para ver si la estás siguiendo o no. Tus ojos están ligeramente confundidos, y como amas sus explicaciones, inclinas tu cabeza para que proceda a describir-.
-Veamos… El druida puede comparar su mente con el océano. A veces en calma, a veces tormentoso, que discurre y se bifurca en los ríos, y que posee también remansos de conocimiento más estable, los lagos. Comprende que sus huesos sostienen su estructura, como las rocas sostienen las hierbas y la tierra que penden de los acantilados. ¿Qué diferencia hay entre la roca y el hueso, si ambos cumplen la misma función, si ambos, al final, son sólo energía?
La druidesa se acerca al centro del claro, y se sienta con las piernas cruzadas. Cierra los ojos, concentrada. Ante un ligero silbido, aparece de la nada un topo, excava el hueco que lo separa de la superficie, y luego con su hocico empuja una piedra hasta dejarla frente a tu guía. Ella, aún a ciegas, sonríe y murmura un agradecimiento. Luego, solicita permiso a la piedra para utilizarla en tu entrenamiento. No escuchas la respuesta, pero la druidesa la levanta del suelo con una mano y la arroja. Cuando ésta queda quieta, continúa hablando:
-Si creo en esa identificación entre los huesos y la roca, observando a ambos puede aprender tanto de uno como de otro. Si recuerdo que con el pasar de los años los huesos se van vaciando por dentro, se van agrietando y debilitando, hasta que una simple caída los rompe… -nuevamente, ella alza la piedra y la lanza, pero esta vez, la roca se rompió en varios pedazos.
-Esto es sólo un ejemplo –sonríe al ver tu expresión de estupefacción-. Relacioné las propiedades del hueso con las de la piedra, y pensé que “sería lógico” que fueran idénticas. Sabemos que sólo el agua puede romper una piedra –y con mucha paciencia-, pero al concentrarme, simplemente la materia cedió, porque fue hueso por un momento. Todo es energía al fin y al cabo, y conociendo el mundo eres capaz de cambiarlo. Pero cuidado, porque es un arma de doble filo: la naturaleza tiene su propio equilibrio, y debemos ser muy cuidadosos de alterarlo –sus ojos se posaron distraídamente entre el follaje y con una voz más distante, continuó-… Aunque el ser humano ha estado metiendo mano indiscriminadamente en este delicado equilibrio… quizá sea uno de nuestros papeles actuales volver a forjar ese equilibrio, volver a ser los guardianes de los bosques…
La druidesa se queda en silencio, pensando. Tú no puedes dejar de pensar en las posibilidades de lo que acaba de mostrarte. También en todo lo que falta de estudio y de práctica. Pero empiezas a comprender como todo es apariencia, y todo al final, quizá sea un solo mar de… algo. Tu panza interrumpe la reflexión, y sonríes. Bueno, hora humana: vamos a buscar comida. Te vas encaminando hacia la cabaña, y la druidesa te regala un último pensamiento:
-Así como hicimos esta asociación a nivel material (piedra, hueso), puedes establecer analogías entre objetos y sensaciones de los tres reinos, entre especies, entre tiempos… poco a poco… poco a poco –se repitió a sí misma.
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