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 Capítulo 4: La visión de lo divino

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Nasseilian
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MensajeTema: Capítulo 4: La visión de lo divino   Jue Sep 23, 2010 12:35 pm

La visión de lo divino
Como tradición, como religión, o como camino mágico, el druidismo posee en su cosmogonía –es decir, en su forma de ver el mundo- la dimensión de lo sagrado. Percibe el mundo desde un lugar, determinado por el papel que da al hombre en el mundo, y bajo qué condiciones juega.
La teoría más difundida con respecto a los druidas antiguos es que eran politeístas. Y bien politeístas, con un arsenal de más de 300 dioses, la cual la mayoría eran locales. Esto quiere decir, que muchas de las deidades de un pueblo eran el espíritu del bosque cercano, o el guardián del pozo de agua, siendo muchos menos –aunque numerosos igual- las entidades compartidas por más de un pueblo.
Si bien muchos tienen descripciones físicas, sus Dioses no son materiales, no poseen cuerpo, sino que son entidades, son formas arquetípicas de la energía. Los celtas veían a sus Dioses en la Naturaleza, en cada suceso de sus vidas, no en un tótem o un templo en particular. Muchos de sus nombres resultan conocidos: Cerridwen, Cernunnos, Dana, Dagda, Sulis, Lugh, Arianrhod, Rosmerta, Druantia… Sobre algunos quedan fuentes históricas, mezcladas con cristianismo y Roma, otros han sido adoptados por la Wicca y otras tradiciones paganas, deformando a veces su significado original y adaptándolo a sus creencias, y otros han sobrevivido en los mitos populares.
Algunos historiadores plantean una visión diferente con respecto al culto céltico: describen que en realidad eran monoteístas, creían en una energía universal, incognoscible para el ser humano, la cual no podía englobarse en nombre alguno. Esa “energía” era parte de todo, y había que buscarla en la Naturaleza. Es una teoría que da a los druidas un perfil más racionalista, más filosófico…
En fin, con este pueblo misterioso siempre encontraremos más de una versión de los hechos. Lo cierto es que, con su reconstrucción, las visiones sobre la/s Divinida/es ha tomado nuevas formas, e incluso individualizándose. Es posible que dos practicantes se junten y que trabajen en conjunto, a pesar de tener opiniones diferentes. Todas las interpretaciones se cruzan en puntos comunes y esos son los que se utilizan. Este aparente caos da mayor libertad y capacidad de supervivencia al druidismo: permite que las personas evolucionen en su forma de pensar y pensarse y que adapten sus creencias en el proceso.
A continuación una breve descripción de cada una de estas posibles variantes, no son todas, aclaro:
Monoteísmo
La creencia en un solo Dios o Diosa. Puede ser esa unificación que ocurrió en el druidismo "tardío" con el cristianismo, o puede ser la veneración de la Madre Tierra. Puede pensarse que el Diosa/a está en todas partes, o en el cielo, o incluso dentro de nosotros mismos, y que somos un Dios en potencia. A la Diosa Madre, se la llama Dana, Danu o Donn, dependiendo del país.

Pseudo ateísmo
No sé si llamarlo así, pero no se me ocurre otro nombre ^^. Es la creencia de que no existe ningún Dios, sino una energía primordial, un vacío que no posee conciencia, sino que funciona por la ley de causa-efecto o por las leyes de la naturaleza. Es parecido a la creencia en el chi o ki, o el océano de luz. Todos estamos conectados, porque todos fuimos formados de la misma energía.
No se le rinde culto nadie, salvo a nosotros mismos, y nuestra meta es evolucionar energéticamente hasta unificarnos con la energía pura.
Si bien la mayoría no le da un nombre específico a esta energía, otros le llaman Dana o Awen, si bien esta ultima denominación parece hacer referencia sólo a la energía de los estados de conciencia alterada.

Politeísmo monoteísta
Existen muchos Dioses y muchas Diosas. Pero todas son caras de la Deidad Superior, que puede tener un nombre o simplemente ser la energía universal de la que hablé en el pseudo ateísmo. En este sentido, el druida cree que existe una energía que lo une todo, y que a veces puede crear una especie de conciencia propia, como en el caso de grandes reservorios energéticos, como los Dioses. O que mediante un nombre, puede “activarse” y manipularse cierta fracción de esa energía, vinculada analógicamente con esa Deidad y con los resultados que se esperan.
Y en este sentido, también entiende que el ser humano necesita de alguna manera bajar a esa energía universal que es incognoscible y omnipotente y darle un carácter con el cual poder trabajar. Así, en sus rituales no llama a la energía primordial en sí, sino que convoca a la facción, la faceta de esta energía que esté más asociada con su propósito, o sea un determinado Dios.
Hay muchísimos Dioses, y depende su cantidad y nombres de acuerdo a la región que fue habitada por los celtas.

Politeísmo
Existen muchos Dioses, y muchas Diosas, y juntos gobiernan el universo. A veces existen lazos de parentesco entre ellos, a veces no. Ningún Dios es más importante que otro a nuestro mirar, aunque ellos sí tengan jerarquía.
Cada uno representa una porción de la vida, y una manera de encararla. Algunos creen que los grandes héroes o los Iluminados se transforman en Dioses, y así crecen los panteones. Incluso algunos adoran, junto a Lugh ya Epona, a Buda o Cristo. Todo es cuestión de elección.
Hay muchísimos Dioses, y depende su cantidad y nombres de acuerdo a la región que fue habitada por los celtas.

Politeísmo con patrono
Hay personas que desean trabajar con politeísmo, pero se sienten atraídos especialmente por alguna deidad en especial, y a esa le dan un trato preferencial. Puede ser cualquiera, incluso una deidad menor o un héroe, lo importante es que esta deidad marca de alguna manera nuestro camino y se transforma en el ideal a seguir.
Algunos a veces sienten que esa deidad ya ha cumplido su cometido, y cuando ocurre una nueva iniciación en su vida, cambia de patrono.

Dualidad
Algunos creen que simplemente existen dos Dioses: uno masculino, y uno femenino. Puede que crean que todos los Dioses son en realidad un Dios y que todas las Diosas son en realidad una Diosa, o que simplemente elijan a los "cabecillas del panteón" y trabajen enfocados en ellos.
Como siempre, los nombres varían, pero la pareja podría ser Dana y El Dagda, Danu y Beli, Donn y el Dis Pater, etc.

Tríada o quinteto
Sobre todo en Gales se cree que existe una sola Diosa, la Madre Tierra, y que con el suceder de las estaciones debe decidir entre dos pretendientes. El Dios de la luz y el Dios de la Oscuridad. Pasa seis meses con cada uno, y ante esta tríada algunos druidas responden.
Algunos sostienen que, salvo durante los solsticios, los dos dioses nunca están juntos, por lo que en realidad, sería un sistema dualista.
Pero incluso otros dicen que en realidad, es un sistema quintetista (si existe esa palabra), ya que ellos creen que la Diosa Madre tiene tres manifestaciones, algo equiparable a la wiccana de doncella, madre y anciana. Quedaría formado lo divino por tres diosas y dos dioses

Animismo
Animismo viene de la palabra ánima, término femenino de alma, ambos conceptos creados por un filósofo griego. Podría resumirse que una persona animista cree que todo posee ánima, o alma. Cree que las plantas los animales, las rocas, el bosque, un lago tienen un ser, el cual puede ser contactado. Éste es el caso del druida que conversa con los árboles, y llama al espíritu guardián de cada lugar...
Es un poco difícil imaginar un ánima en una computadora, o un rascacielos... Algunas personas entonces corrigen y dicen que animismo es creer que todo lo NATURAL tiene un alma, y no así las creaciones del hombre. En lo personal, trato de entender que también son sagradas a su manera, y que si bien uno no puede entablar una conversación con un peine, si llegara a ser necesario uno puede reconstruir hechos o verdades a través de la energía que contiene el peine (algo así como esos detectives psíquicos que con una foto y un objeto personal explican como fue el asesinato).
Algunas personas diferencian y dicen que alma sólo tenemos nosotros los humanos, y que el resto de las cosas tienen ánima, un alma menor, sin razonamiento ni conciencia.

Panteísmo
Es la creencia de que la/s Deidad/es están en todas partes. Sentimos que están en el viento, en la lluvia, en el amanecer, en la guerra y dentro de nosotros mismos. Y un detalle que deriva de aquí: al ver la energía divina en todo, todo se transforma en sagrado. Para el panteísta no existe lo mundano, lo profano: cada acto de su vida está consagrado, a sí mismo, a su familia, al bienestar, o sea a los Dioses.
Otra vez, aquí hay muchos que se reniegan a ver lo sagrado en un enorme bosque talado y que ahora se ha convertido en una cadena de supermercados... Es realmente difícil ser panteísta ante cosas como el dinero, las armas, o los postes de luz, pero creo personalmente que no es imposible. Todo lo que creamos refleja nuestra evolución y nos recuerda nuestro camino, más bien que mal, o más mal que bien, pero ahí está. Con un poco de imaginación, uno realmente ve a los Dioses en todas partes. Y así se mantiene un respeto constante por todo, que es una de las características que más se nombra: el respeto y devoción a la Naturaleza....
Estas son todas las concepciones celtas de la divinidad que conozco. Y por supuesto que cada una tiene sus variantes, pueden mezclarse e incluso, son todas en realidad la misma, por eso todas son efectivas. Sólo se trata de elegir cuál va mejor con nosotros.
Definir cómo vemos el mundo no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana. Como con todo, ¡prueba! Si alguna vez estuviste ligado a una religión monoteísta, quizá te sientas inclinado a mantener esta postura al comienzo, o si estás en el camino budista, quizá te atraiga más creer sólo en la energía… Siéntete libre y permítete experimentar…
Una noción muy importante en el druidismo –por lo menos desde mi punto de vista- es la de catma. El catma es una creencia que un individuo decide adoptar, como si realmente creyera cien por ciento en ella. Esa teoría sobre el mundo lo acompaña hasta que el druida decide que no resulta una explicación lo suficientemente profunda y la descarta por otra que ahora le parece mejor. Esto le permite ir fluctuando su manera de ver el universo a medida que crece e indaga. Le permite honrar a lo más importante de este mundo: su propia naturaleza y su aprendizaje, sin tener el remordimiento de estar yendo en contra de sus creencias.
Si te parece interesante el catma, úsalo. Cree en lo Divino como lo sientas ahora; si con el tiempo, te replanteas las cosas, deja ir esa creencia antigua y atente a la nueva, con el mismo fervor y la misma alegría.
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MensajeTema: Re: Capítulo 4: La visión de lo divino   Jue Sep 23, 2010 12:36 pm

Tarea:
Hay veces que ciertas cosas permanecen tácitas en nuestras vidas
y nunca nos permitimos ponerlas en palabras. Escribe un ensayo sobre qué es para ti la divinidad, cómo la ves. Siéntete libre de usar o no la terminología de este curso. Explica cómo es tu relación con esa/s divinidad/es. Si decidiste cambiar tu forma de pensar, escribe también qué es lo que buscas, porqué optaste por ese tipo de vínculo, y qué significa para ti. Como siempre, un mínimo de 3 páginas.

Tarea adicional (no obligatoria): Por ahora, sería interesante que busques información sobre los Dioses celtas, más allá de que creas que existen o que son manifestaciones de la psique. Algo interesante para hacer, sería pasar dos o tres días con una divinidad. Esto es buscar sobre su historia, leer sus mitos, buscar imágenes para imbuirnos de su esencia. Además, podemos prender cada día una vela y llamar a este Dios/a, y establecer un diálogo
mental con él/ella. Anota tus conclusiones o percepciones.
Busca los Dioses de tu tradición autóctona, y observa si existen semejanzas con los del panteón celta.
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MensajeTema: Re: Capítulo 4: La visión de lo divino   Jue Sep 23, 2010 12:36 pm

La última experiencia te dejó pensativo varios días. Y sumamente silencioso. La druidesa aceptó tranquilamente este nuevo tú y no hizo preguntas. Hasta te pareció que te permitía más ratos de soledad que de costumbre.
Hoy el cielo está ligeramente nublado. Estás en la pradera, debajo del gran árbol –que ya aprendiste a reconocer que es un ciprés- mirando a la nada, pensando. En eso, un cóndor se te acerca. Baja majestuosamente del aire y se posa en frente tuyo, y se queda mirándote, con la cabeza bien en alto. ¿Es un reto?, piensas, en broma.
Pero el ave parece escucharte e hincha sus plumas, al mismo tiempo que aletea y vuelve al aire, dando círculos, como esperándote. Permaneces allí, indeciso, sin saber qué hacer. No sientes esa inocencia de las corridas del zorro; piensas que las rapaces son animales peligrosos, y que podrías perderte fácilmente. Nunca te aventuraste más allá de este árbol. Sin embargo, el cóndor parece cada vez más impaciente y vuela a tu alrededor, como intentando empujarte con sus alas. Finalmente te decides, y lo sigues.
Comienzas a caminar por la pradera, siguiendo el vuelo curioso del cóndor. Tu mente está inusualmente quieta. El viento es casi inexistente. Presientes que algo mágico está por suceder. Recorres una buena distancia, hasta llegar a un arroyo que divide en dos el terreno. Detrás de la rivera opuesta, una tierra desértica se alza, como si el agua del río sólo fuera para el lado en que tú estás. El ave se zambulle rápidamente, y la pierdes de vista. No sube a la superficie. Convencido de que ya no puedes volverte atrás, sigues su mismo camino, y te tiras.
El arroyo es increíblemente torrentoso, y te arrastra, sin que puedas hacer algo por evitarlo. No hay rastros del cóndor. Luchas con manos y pies para tratar de salir; a veces la corriente te hunde y te falta aire, otras, las piedras filosas chocan contra tu cuerpo, al tiempo que las algas parecen tener una especial afición por enredarte y demorarte entre las rocas. Te encuentras a ti mismo insultando toda esta estupidez del cóndor, del druidismo y de las señales… Te duele tu cuerpo como nunca antes.
En eso, pareces llegar a un remanso, donde el agua está más tranquila, y te permite nadar hasta la orilla. Estas cansando, pero aún así sales lo más rápido posible, por las dudas de que la corriente se ponga brava de nuevo.
Miras el paisaje a tu alrededor: las nubes que antes manchaban el cielo, ahora son un manto perenne y grueso. Han cambiado su color, poseen el gris oscuro, no de la pronta lluvia, sino de la indecisión y eternidad de la niebla. La temperatura parece descender – o quizá sea que tú estás empapado- y el viento que aparece de vez en cuando, te saca escalofríos y nuevos insultos. No sabes donde estás, y eso te molesta mucho. Comienzas a caminar en busca de algún puente o forma de cruzar y volver a la otra orilla sin pasar nuevamente por ese río.
El lugar es tremendamente desolado, y calma la furia anterior. Sin embargo, es una quietud extraña: no es la que experimentas en las meditaciones que te enseña la druidesa, sino que es más… vacía. No tienes miedo o incomodidad, es más bien… tristeza. Tristeza de no poder salir a la luz.
Mira a tu alrededor, y recuerda lo que ves. Algunas escenas pueden ser confusas.
De repente, un rugido se siente a tus espaldas. Instintivamente, comienzas a correr. No sabes de dónde, o qué es, pero ese sonido te es terriblemente familiar. Sabes lo peligroso que es, y eso resulta suficiente.
Sientes a la bestia cada vez más cerca, y para tu desdicha, el terreno se hace más escarpado. Una vegetación yerma te hace tropezar varias veces, lo que no hace más que aumentar tu desesperación. Casi puedes sentir su aliento en tu nuca. Para mejor, numerosos árboles con espinas aparecen, y debes luchar contra estos nuevos enemigos también. No piensas, sólo reaccionas. Hasta que el terreno desciende de golpe, y caes al desnivel, sorprendido.
Decides rendirte, tu cuerpo magullado por las piedras y arañado por las espinas ya no da más. Mejor enfrentar aquello que te persigue y morir de una buena vez por todas. Cierras los ojos, y esperas.
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