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Foro de El Templo del Jaguar. Foro dedicado al estudio y difusión del druidismo en español.
 
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 Bitácora de un druida: los días verdes

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Nasseilian
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MensajeTema: Bitácora de un druida: los días verdes   Sáb Nov 22, 2008 9:05 am

¿Qué es esto? Pues simplemente, una manera de divertirnos y seguir hablando sobre druidismo. ¿Qué mejor que posicionarnos en la época y dejarnos transformar en animales, viajar al Otro Mundo o conversar con las aves?

La propuesta es la siguiente: hagamos una historia en conjunto, los invito a que dejen salir su awen, su inspiración y creemos una historia entre todos...
La única consigna es que no hay consignas XD sean libres de introducir personajes, situaciones o dichos... y veremos qué sale...

Le dejo al comienzo al que quiera, que ahora no se me ocurre por dónde empezar XDDD


Saludos

Nass
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Nerarus
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Dom Nov 23, 2008 11:04 pm

En un bosque, en tiempos lejanos; entre la penumbra del bosque se veían dos figuras, un hombre y un lobo, que caminaban y en cierta manera se comunicaban. Inarus no lograba entender que decían y se acercaba de a poco, tratando de no ser visto; a unos pasos de ellos, pudo notar la empatía que había entre el lobo y el hombre.
De pronto el lobo torno su rostro hacia él, podía sentir que le estaba clavando su mirada; él asustado e inmovilizado. En ese instante el hombre le dijo "calma mi fiel amiga, es solo un curioso; vuelve a tu forma, así su miedo se desvanece como los rayos del sol cuando atraviesan las copas de estos árboles"; y así fue el lobo se transformo y allí se encontraba una mujer que sonreía, para apaciguar su miedo.
Se acercaron y dijeron, "joven que haces en el bosque?" Inarus respondió con voz temblorosa" no se... solo sentí deseos de venir hasta aquí....
Ellos se miraron y la dama con una dulce voz dijo "entonces bien, eres bienvenido al bosque, acércate y ven con nosotros que te enseñaremos el lugar".
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Nasseilian
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Lun Nov 24, 2008 7:59 am

Inarus se unió a la caminata de esta pareja, no sin cierta incomodidad. Notaba algo diferente en ellos, algo distinto que no se parecía en nada a lo que tuviera la gente de su pueblo.
Sabía que tenía prohibido ir por el bosque sin compañía, que era peligroso por las fieras que podía encontrar allí. Sólo los cazadores y guerreros griegos podían darse el lujo de salir vivos de ese ser forestal al que le tenían un gran respeto.
Sin embargo, el hombre y la mujer caminaban totalmente tranquilos; sus respiraciones iban al unísono y casi que -sí, era una locura- parecían amoldarse al ritmo de la naturaleza, del viento, de los animales; sus pasos eran casi imperceptibles, a diferencia de sus sandalias de cuero qe parecían crujir cada vez más en el silencio profundo de los árboles. Le intrigaban mucho...

Caminaron un buen tiempo, e Inarus se preguntó cómo podían haber permanecido en silencio sin ninguna dificultad, sin sentir que debía transmitir algo. La mirada de sus guías expresaba más que mil palabras, y se detenían cada tanto al ver una planta, algún pajarillo o simplemente en un lugar. Permanecían observando y el muchacho los imitaba aunque no sabía muy bien qué estaban haciendo o esperando.

Poco a poco se iban adentrando más en la espesura del bosque...
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Lun Nov 24, 2008 11:15 am

Al cabo de un rato, llegaron a un claro en el bosque. Inarus observó el paisaje; rodeada por el inmenso bosque y, al lado de una gran cascada que hacía aparecer el arco iris, se encontraba una inmensa roca. La pareja parecía haber encontrado lo que andaban buscando, pues, aún sin correr, se apresuraron hacia allí. Inarus, asombrado por aquel hermoso paisaje dentro de la espesura del bosque, los siguió sin hacer preguntas; no sabía qué le deparaba el destino, qué sería de él, pero aquellas personas tenían algo que le hacía confiar en ellas.

Cuando estaban a pocos metros de aquella inmensa roca, Inarus reparó en algo; en el centro de la roca podía verse la entrada a una cueva, aunque no se veía nada en absoluto.
El hombre se quedó perplejo, ¿cómo podía ser? si no había cueva, simplemente una roca o, ¿quizá no se habría fijado bien antes?, no. Estaba seguro de que allí no había nada, excepto la roca.
De repente, Inarus se apercibió de algo. Aquel sitio era muy extraño; no había viento, pero aún así las hierbas se movían; los pájaros parecían más alegres, los árboles dibujaban extrañas formas... pero lo que más llamó la atención de Inarus, fué qué, allí se respiraba una paz y una energía que nunca antes había sentido. Motivado por estas sensaciones, se giró hacia sus guías misteriosos, resuelto a hacer mil preguntas y, entonces, se dio cunta de que, aquella extraña pareja, lo observavan sonrientes.
- Tranquilo, todas tus dudas se resolverán pronto. -Dijo la mujer, con voz tranquila.

Inarus se quedó sin palabras. No sabía por qué, pero sentía que la mujer no le mentía. Cada momento, sentía que por alguna razón importante, había sentido deseos de entrar en ese bosque; que de alguna manera el bosque lo había llamado.

Sin moverse, Inarus observó, como la pareja se volvía hacia la cueva. Al unísono, levantaron los brazos y la cabeza miranso hacia el cielo. La mujer pronunció palabras que Inarus no comprendió, aunque las había escuchado perfectamente pese al tono bajo en que las había pronunciado. Después de unos segundos, bajaron los brazos y, la oscuridad que había visto Inarus anteriormente, desapareció, dejando a la vista las paredes de una cueva y la luz que provenía del fondo de ésta.

La pareja entró en la cueva e hicieron un gesto a Inarus para que entrara también.
Casi, por inercia, Inarus avanzó y entró a la cueva. El pulso se le aceleró, el estómago se le encogió y las manos empezaron a sudarle como nunca antes le habían sudado.
La pareja avanzó por la cueva, seguida de Inarus, que cada vez estaba más nervioso, aunque ya no tenía miedo.

Cuando llegaron al otro lado de la cueva, de donde provenía la luz, Inarus se quedó asombrado. El miedo y los nervios habían desaparecido para dejar paso al asombro y la emoción. No podía creer lo que estaba viendo.
¡Que hermoso lugar! ¿Dónde estaría? ¿Qué lugar sería ese?

Inarus, no había salido de sus pensamientos, cuando una mujer se le acercó para darle la bienvenida. Paralizado, se quedó más asombrado todavía. Conocía a aquella mujer, la conocía muy bien, pero... ¿qué hacía ella en ese lugar?
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Mar Nov 25, 2008 2:12 pm

La bella mujer le tendio la mano y comenzo a hablar.
-Inarus - Dijo ella- Bienvenido a este sagrado lugar.
Inarus aprecio mejor el sitio: era una laguna subterranea con agua como el cristal, e iluminada por unas rocas bellisimas en el fondo de este. En la pared de la caverna habia dibujos de cazerias y reyes que el no conocia, rituales en la noche y consagraciones de heroes frente a los dioses. Mas alla de los dibujos, habia marcas a modo de escritura que parecian conformar un lenguaje previo a todo idioma.
-Has venido a aprender -dijo ella cortando dulcemente sus pensamientos y haciendolo volver de un trance hipnotico-, y yo voy a enseñarte.

-¿Enseñarme que? -Pregunto el desconcertado.

-Todo -respondio ella-. Aqui lo aprenderas todo, que hay despues de la muerte fisica, que plantas son curativas y cuales venenosas, cual es el verdadero nombre de los arboles. Aprenderas el lenguaje de los animales, a comunicarte con las rocas y a poder ver a las hadas. Oiras las canciones del viento y de la lluvia. Te dare memoria para no olvidar, y logica para sortear los obstaculos que se te prescenten. Seras un todo con el todo, y al final de tu viaje, todo sera uno en ti.

La bella mujer se agacho, encarcelo un poco de agua de la laguna en un caliz que saco de su ropa, y se lo ofrecio a él. Lo acepto, y lentamente se llevo la copa a la boca. Apoyo le borde del recipiente sobre su labio inferior, y comenzo a inclinar el caliz hacia su nariz. Sientio como el liquido tocaba sus labios, bañaba su lengua y bajaba finalmente por su garganta. Pero no termino ahi. Sintio calramente como una energia se expandia desde su estomago hacia el resto del cuerpo. Las marcas runescas en la pared pasaban de ser simples zurcos a palabras compuestas y de ideas complejas. Los dibujos mostraron historias que parecian ser la suya, en diferentes epocas y vidas. Todo empezo a tomar otro color, y se encontro retornando rapidamente como si el tiempo estuviera volviendo sobre sus pasos, y en un segundo despertó.

Se encontro bajo el árbol en el que se habia quedado dormido temprano. ¿Realmente habia estado soñando? Un sueño nunca podria ser así, pues mientras habia estado en la cueva le pareció que la realidad jamas habia sido tan verdadera hasta ese momento. Definitivamente esa experiencia que acababa de tener no era un sueño comun y corriente. Se le habia revelado un secreto, y se le habia entregado un don. Ademas, a esa chica la habia reconocido en el momento, pero ahora no lograba acordarse de quien era, como si no la conociera.

Con un poco de pereza decidio levantarse y seguir su camino.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Jue Dic 11, 2008 1:35 pm

Arrastraba los pies por el sendero. No tenía ganas de llegar a la tienda de su padre, donde tendría que ayudar y atender a molestos y romanos clientes. Aún él era un niño, pero por los cuentos de su abuelo podía recordar -casi como si lo hubiese vivido- las grandes épocas de su pueblo, cuando los druidas no se escondían en los bosques, y las grandes hogueras de Beltaine ardían por semanas enteras...

-¡Oye, más cuidado por dónde pisas!

Una voz chillona salió de la nada, sacando de su mundo a este joven. Miró hacia todos lados, pero no vio a nadie... Siguió caminando como si nada, aunque un poco nervioso, espiando por los costados.

Sin saberlo, una compañía largo tiempo esperada lo seguía, sigilosamente, entre las hojas...
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Dom Dic 21, 2008 4:37 pm

"Estos humanos son cada vez mas ciegos. ¿En que habrà estado pensando Inadril cuando me mandò hacia aca? "

-¡Eh, chico! - se volviò a oir la voz chillona, casi como un graznido.

Inarus se agachò rapidamente y se escondiò detràs de un tocòn cercano.
-¿Qu..quien anda ahi? - preguntò tembloroso - ¡Muestrese!
-¿Que me muestre? ¡Estoy al frente tuyo, muchacho!

Inarus se incorporò levemente, y echò una ojeada al rededor, pero no habia ninguna persona cerca. El camino por el que habia venido se perdìa entre la hierba y las raices de los arboles. La luz del sol se colaba por entre las hojas iluminando el aire y haciendo resplandecer las hojas. El unico sonido no vegetal provenìa de las aves...

-Bingo - susurro la voz en su oìdo -
-!Arghh!! - gritò Inarus asustado. Dio un salto y cayò de bruces al piso.
El pequeño cuervo se acercò caminando y quedo a la altura de la cara de Inarus, que apenas asomaba los ojos entre el colchon de hojas secas donde fue a caer. Algo en la mirada del ave decia que, de haber tenido labios, ahora estaria esbozando una sonrisa irònica.
"Jejeje, parece que guiar a este chico no serà tan aburrido despues de todo" ...
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Lun Ene 12, 2009 9:20 pm

- Levantate, chico- grazno el cuervo- Quien sabe que animal escogió de baño justo el lugar donde decidiste caerte.

Inarus salió un poco de su estupefacción. "Que gran día" pensó amargamente, "primero aquel extraño sueño y ahora estoy siendo insultado por un cuervo"

- Yo No decidi caerme - contestó un tanto desafiante, mientras se incorporaba.
- Oh, claro que lo hiciste - dijo el cuervo - Asi como decidiste todo lo que te ocurrio y ocurrirá en tu vida, pero ya habrá tiempo para hablar de esas cosas.

El cuervo echó una mirada a Inarus. Tenía el pelo castaño largo hasta los hombros y estaba lleno de hojas y ramas. Su camisa de cuero gris sin mangas estaba un poco sucia pero bien cuidada.
Las botas estaban embarradas y, viviendo donde vivía, tampoco era de esperarse que se les diera un buen lustre de vez en cuando.
Lo que más llamó la atención del cuervo fueron los ojos de Inarus. Eran claros y se podía apreciar la profundidad que otorga la sabiduría, que en Inarus estaba empezando a nacer. Brillaban mucho y eran muy expresivos.

"Sus ojos ya lo manifiestan" reflexiono el cuervo "aunque él mismo aún no se da cuenta de nada"

-Venga, vamos- lo apremió - Tu padre se enfadará por tu retraso a la taberna.
Dicho esto, el cuervo voló hasta posarse en el hombro de Inarus.
-Vamos - repitio, algo impaciente.

Inarus tenia la boca abierta, pero recordó sus modales y la cerró.
- Hm..esto...eh..tú..cuervo...señor..- "Genial, ahora imagino que le estoy hablando a un ave"

- Ese es el principio, chico, la Imaginación-

Los ojos de Inarus se abrieron como platos. "El...el puede?..."

- Claro que puedo- se enfadó un poco el ave - De hecho, eres tu el que grita tanto con su pensamiento que no me deja escuchar los mios propios. Tú nos llamaste y nosotros acudimos a ti. Es hora de que despiertes. Pero si no llegas a tiempo a la taberna, no habrá mañana al cuál despertar. ¡Apresurate!

El cerebro de Inarus tardo una fracción de segundo en aceptar que estaba recibiendo ordenes de un ave que se suponía nunca debería haber hablado, y luego envío la señal a las piernas de que corrieran lo mas rapido posible.

Inarus hizo todo lo posible por ignorar su hombro derecho mientras corria, y al ave que alli había. Con un poco de suerte, solo serían alucinaciones suyas por el exceso de sol. Pero es dificl ignorar algo cuando ése algo iba graznando una vieja canción sobre el buen vino de antaño.

- Oh, lo siento chico, creo que aún no me he presentado - dijo el cuervo cuando el pueblo asomó detrás de una pequeña colina- En esta vida, me llaman Pilgrim.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Mar Ene 13, 2009 3:32 am

Inarus se detuvo de golpe su carrera y volteo a ver al cuervo

- Pilgrim?.... primero me imagino que voy a una cueva, luego que un cuervo me habla, ahora que hasta tiene nombre, que mas sigue que un arbol me de un ramaso?

- Calla que si no le hablas con respeto a Pilgrim yo sere el primero que te lo de- se oyo que dijo una voz con sorna al lado de el acompañada de una risa burlona.

Inarus se volteo en todas direcciones para ver si no le estaban jugando una jugarreta pero lo unico que logro divisar fue una especie de rotro proveniente de la corteza de un arbol que formaba una mueca como con una sonrisa.

- No te enfades, acaba de abrir los ojos, ni siquiera cree que todos poseemos un nombre- dijo Pilgrim

- ¿Con quien estas hablando?, mas bien ¿porq estoy hablando contigo?. ¿Alguien me podria explicar?- dijo Inarus

- Todo se te revelara a su tiempo, no quieras correr si ni siquiera has sentido tus piernas, se que en los humanos no siempre predomina la paciencia pero con ella es con lo que puedes apreciar muchas cosas en este mundo- dijo el arbol

- Si si si, pero lo primero que tiene que hacer es correr con su padre si no no le podremos enseñar nada, este chico de verdad tiene potencial, se que lo hara bien.- dijo Pilgrim

- Esto me provocara jaqueca si no entiendo nada pronto pero.... mi padre se va a enojar mucho, gracias... ¿arbol? espero que nos veamos pronto- dijo Inarus y hecho a correr en direccion del pueblo que divisaba a tan poca distancia pero que por momentos le parecia al otro lado del mundo.

Inarus nada mas oyo mientras se alejaba la voz del arbol dicendole "No me movere no te preocupes jejejejeje".

- Por cierto me llamo Inarus- le dijo el chico al ave.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Mar Ene 13, 2009 10:19 am

Logro salir por fin del camino del bosque, para llegar a la aldea, situada en un inmenso claro. Miro entre los arboles y alcanzo a divisar la fortificación romana. Todos los dias, cuando volvia de buscar leña en el bosque, deseaba encontrarse con que la enorme mole de madera de los legionarios habia desaparecido para siempre, pero eso nunca ocurria...
- ¡Me olvide la madera! - grito el muchacho -, eso me pasa por quedarme dormido.
Al darse cuenta que le esperaria una represalia por parte de su padre aminoro un poco el paso.
Frente al jardín de la taberna, dos legionarios romanos parlamentaban borrachos en latín. Finalmente se empezaron a revolcar sobre las flores.
Su cabeza aun no podia razonar como era que esos enanos podian conformar el ejercito imperial, invadir cualquier territorio y romper las mas solidas falanges en batalla.
- Es porque tienen disciplina militar - respondio Pilgrim a una pregunta que Inarus solo habia imaginado -, por eso es que ahora tu pueblo no es libre. Lo que necesitan es alguien que los guie en batalla.
La pelea de los dos pequeños legionarios se estaba tornando violenta. De repente uno quedo tirado en el pasto boca arriba, y el otro se incorporo sobre sus rodillas, desenfundo el gladius como un rayo, y lo levanto para acabar con su contrincante.
Una mano enorme le arrebato la espada. Se trataba de Gracus el centurion, un oficial mayor que estaba acargo del campamento. No le gustaba que sus hombres estubieran bebiendo, pero comprendia que era una campaña larga y lo mas sano es que sus soldados tuvieran aunque sea una diversión. En la aldea le temian, incluso sus propios hombres le temian. Su cuerpo, gigantesco para ser un romano, estaba marcado por serpenteantes cicatrices, marcas adquiridas en campañas violentas en tierras lejanas. Habia combatido contra griegos de todos los tamaños: hoplitas, espartanos, atenienses. Incluso algunos persas llegaron a probar el filo de su espada.
Gracus levanto a los dos soldados y, como si fueran niños pequeños, les ordeno que vuelvan al campamento a hacer guardia.
Cruzo una mirada con Inarus, y este bajo la vista.
- Keltoi - murmuro entre dientes Gracus mientras pasaba.
Inarus odiaba que lo llamen asi, no sabia que significaba, pero seguro era un insulto, porque lo escuchaba a menudo y los romanos siempre se referian asi de la gente de la aldea.
-Mas Keltoi seras tú- pensó.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Mar Ene 13, 2009 1:37 pm

-Vaya, vaya - dijo pensativo Pilgrim - Ese hombre tiene un pasado interesante.

-¿A que te refieres? - preguntó Inarus, distraído. Pensaba en la excusa que le diría a su padre por la madera.

-Ese..Gracus se llama, si mis sentidos no me fallan- empezó el cuervo- Era uno de los Pretorianos, la guardia personal del César. El puesto de élite más alto para un soldado. Sin embargo, pidió explicitamente que lo pusieran a cargo de esta misión. ¿Por qué un hombre que esta en la cima lo deja todo para venir a este lugar del mundo? Interesante- añadio pensativo.

- Mm..si ..bastante..todo un misterio- dijo Inarus poniendo los ojos en blanco.

-Cuida los modales, chico - se rió el cuervo - Ya escuchaste a ese roble amigo mio.

Inarus seguía perturbado por lo del árbol. El cuervo era aceptable ("Por dios... Aceptable??!!" ) pero un árbol...

- Los árboles son mas sabios que nosotros, Inarus -. Ya se estaba acostumbrando a que el cuervo respondiera a sus pensamientos -. En princpio, fueron ellos los que nos enseñaron a nosotros.

-¿Quienes son "nosotros"? -inquierio Inarus mientras se encaminaba a la taberna , arrastrando los pies, resignado a su castigo-. Has hablado en un par de ocasiones en plural, y aún no entiendo a que te refieres.

Pilgrim levantó la vista.
- Todo a su tiempo- le dijo, guiñandole un ojo- Creo que ahora tu padre quiere cruzar un par de palabras contigo.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Miér Ene 14, 2009 3:34 am

Pilgrim se poso sobre la rama de un arbol cercano al lugar no sin dejar de ver a Inarus

-Hola,- dijo al entrar a la taberna y viendo a su padre mirando con odio a un romano que le estaba haciendo trabajar en exceso- perdon por llegar tarde pero....

-Por los dioses, al fin llegas; ya estaba pensando que un lobo te habia devorado o algo asi....- al voltear a verlo su rotro se torno de un rojo que la sangre parece palida a su lado- ¿y la leña?

-Lo del lobo no esta tan lejos de la realidad, dejame te explico...

Su padre al parecer se tranquilizo un poco pero no lo suficiente al parecer ya que con tono al borde de los gritos le dijo: Ve por la leña que queda en la parte de atras, y no tardes que hay mucha gente, ya despues me contaras lo del lobo o lo que sea que te paso. Si fuera por ti ya no tendriamos este lugar y........

-Antes de que su padre terminara sirviendolo como parte de la comida corrio a la parte de atras y se puso a recolectar maderos. Mientras lo hacia llego el ave y se poso cerca de el.

-No te detesta tanto como crees- dijo el ave

-Pero si ni siquiera quiere a su pueblo lo suficiente, ¿como me puede querer a mi?, ya lo viste; es el que alimenta a aquellos que nos hicieron presos en nuestras propias tierras. Es fuerte y deberia de reunir a la gente de por aqui y sacarlos de aqui.

-Tu espiritu es muy valeroso pero no notas que lo que intenta hacer es conceguir el pan para que vivan, el arriesgarse a morir no le preocupa, pero el que tu mueras es algo que no se atreve a pensar.

Inarus apreto las maderas lo mas fuerte que pudo tratando de contener la frustracion de no poder hacer nada.

Pilgrim- ¿Seguro que no puedes hacer nada?

Inarus- ¿como?- dijo perplejo ante el comentario de su compañia

Antes de que el ave le contestace su padre le grito desde adentro del lugar, puso los ojos en blanco y entro antes de que la furia de su padre encendiera el fuego sin leños
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Miér Ene 14, 2009 7:44 pm

La taberna estaba repleta, como siempre. Soldados romanos que salian de la guardia venían a tomarse un par de copas. Los que estaban de guardia tambien iban a tomarse unas copas, cuando los capitanes se reunían con Gracus para planear las tácticas de guerra. Cosa frecuente ultimamente.

Los pictos les estaban dando problemas nuevamente, como si un nuevo fuego hubiese reanimado sus bríos. Gracus no parecía especialemente preocupado por esto. La mayoría de los soldados mostraba desprecio o miedo por esta tribu guerrera, y por todos los nativos en general.
Sin embargo, a Gracus parecían agradarle. Muchas veces en batalla sonreía (levantaba la comisura de los labios, mas bien. Hace años que Gracus no sonreia) ante alguna táctica especialmente ingeniosa por parte de los pictos.
A veces se le veía observando el trabajo de los artesanos del pueblo desde lejos, pues nunca se acercaba a hablar con nadie. Ni siquiera con sus soldados. La unica ocasión en que se le escuchaban mas de dos frases eran en las reuniones con sus capitanes.

Inarus entró por la puerta trasera de la taberna. Su padre llevaba cerveza a las mesas del rincón. Su madre estaba en la cocina preparando el asado para los soldados. Fue a dejar la leña a la cocina y volvió para ayudar a su padre.
Un cliente entró a la taberna, pero no vestía ni como soldado ni como habitante del pueblo. Llevaba capucha, una capa de viaje y un báculo para caminar. Recorrió con la mirada la taberna, pero no quedaban sillas vacías, por lo que se acercó a la barra.
- Buenos días, señor - dijo Inarus que pasaba con jarras vacías- ¿Que desea servirse?
La pregunta fue formulada de manera automatica, a causa de la costumbre. El visitante miró a Inarus unos segundos. El chico solo entonces pareció darse cuenta de lo extraño de aquel cliente. Volteó para mirarlo mejor. Su cara quedaba oculta por la capucha, pero lejos de atemorizarse, a Inarus lo envolvió un sentimiento de paz.
- Bendiciones para ti, muchacho -. le dijo el hombre con voz profunda. Parecía ser joven. -. ¿Puedo hablar con tu padre, por favor?

Inarus tardó un poco en reaccionar. Fue buscar a su padre con tanta prisa que se le cayeron las jarras y las risas estrepitosas de los soldados llenaron el ambiente.

- Padre, un cliente te busca -. susurro rapidamente Inarus.
Su padre levantó la vista y miró a la barra. Sus ojos se dilataron pero se controlo antes de que su hijo lo notara.

- No te preocupes, hijo, yo atenderé a ese cliente-. dijo distraído - Ve a limpiar aquellas mesas. Un soldado acaba de vomitar.

Mientras Inarus limpiaba, fijo la vista en la barra. Su padre se acerco al hombre de la capucha, dijo una sola palabra y se dirigió a la cocina. Dos segundos despues, su madre asomó la cabeza para mirar al visitante y se le iluminó el rostro.

La comida y la bebida se le entregaban al hombre con mas rapidez que a los soldados, aunque éste parecia no haber pedido nada.
- Es una de las formas de pagar la sabiduria, chico - dijo una voz aguda.
Inarus dió un respingo y miró al techo. En una viga estaba parado Pilgrim mirando al desconocido.
- ¿Que haces aqui? -. pregunto en un susurro.
- Conversaba con algunos amigos. Pero ya me cansé - dijo suspirando el cuervo -. Algunos Elementales pueden ser un verdadero incordio - añadió para si.
Inarus no entendó la ultima frase, pero le restó importancia. En esos momentos el extraño viajero se levantó, le dijo unas palabras a su padre, le entregó algo y se dirigió a la puerta.

Antes de alcanzarla un soldado ebrio lo detuvo. Cruzaron palabras y el viajero dijo algo que pareció molestar al soldado. Éste sacó su espada y la levantó ante el viajero. Aqui es cuando la memoria de Inarus se nubla. Nunca supo por que hizo lo que hizo.
Se lanzó corriendo contra el soldado y lo embistió en las costillas. Cayeron rodando al piso, botando mesas y a mas soldados. Se armo tal batahola que los mas ebrios pensaron que estabn bajo ataque y comenzaron a pelear entre ellos. Todos gritaban órdenes que nadie escuchaba. Inarus se desembarazó del soldado que había empujado, y el miedo sólo lo hacía pensar en correr.
- ¡Ven hijo! ¡Rapido! - su padre lo agarró de un brazo y lo hizo salir por atrás - Corre al bosque y escondete, te buscare cuando sea seguro -. le susurro su padre.
Adentro, los soldados se organizaron un poco y comenzaron a buscar al atrevido muchacho. El extraño viajero no se encontraba por ninguna parte.
- Bien hecho, hijo - dijo orgulloso Kian -. Ahora ¡ve! corre..
Inarus lo miró dos segundos, dio media vuelta y corrio a todo lo que daban sus pies.
- ¡Por acá! ¡Venga, atrapenlo! -. Los soldados lo habian visto y se lanzaron tras el.
El chico corrió hasta alcanzar el linde del bosque y sin pensarlo entró en él. Pilgrim volaba a su lado.

Algunos soldados intentaron seguirlo, pero tropezaron con las raices de los árboles que, misteriosamente, no estaban ahi antes.
-¡Vamos. todos al bosque! - gritó el soldado que Inarus había empujado. Pero nadie le hizo caso. Volteó a mirar y ...
- Nadie entra al bosque, ni ahora ni mientras yo este al mando - La voz de Gracus era profunda y calmada, pero nadie habría osado contradecirla -. Vuelvan a sus puestos.
En menos de un segundo, Gracus se encontro solo en el linde del bosque. Miraba atentamente hacia el interior. Había visto al chico y sabía que ahora el lo miraba.

- Keltoi - murmuro suavemente, sin hostilidad, como queriendo que el viento abrazara esa palabra y se la llevara al muchaho. Dio media vuelta y se fue.

E Inarus la escuchó, y esta vez, no le pareció desagradable.
Se giró para buscar un lugar donde esconderse,Pilgrim se posó en su hombro, pues no podia volar bien en el bosque, pero algo los detuvo. Habían chocado contra alguien.
Inarus miró hacia arriba y vio al hombre de la taberna.
- Hola, Pilgrim -. dijo el hombre sonriente.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Miér Mayo 13, 2009 7:49 pm

(que tal? ... me dejan sobremotivarme de nuevo con la historia? xDD ... aunque seria interesante que alguien mas la continuara... me gusta esto de improvisar encima de las ideas de alguien e ir uniendo y compartiendo nuestro conocimiento de esta manera...)
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Nasseilian
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Sáb Mayo 16, 2009 7:36 am

(jajajaja, adelante adelante!!! prometo que soy la que sigue ^^)
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Lun Mayo 18, 2009 10:49 am

-Tarde como siempre, Bleis - dijo Pilgrim - Buen juego con las raices.
- Jejeje no me des las gracias a mi. Yo solo me limité a mirar - la voz de Bleis era alegre y tranquilizadora.

Inarus se encontraba estupefacto, cosa rara, pues pensaba que ya había tenido suficientes experiencias extrañas ese dia. ¿Quien era este hombre que hablaba con un ave como si la conociera de toda la vida?

- ¿Toda "una" vida? - rió Pilgrim -. Mucho mas, muchacho, mucho mas que una vida.

- Por cierto - dijo Bleis -. No te di las gracias por lo de la taberna, Inarus.
Le tendió su mano y lo ayudó a incorporarse. Inarus, pasando por alto el hecho de que el sujeto sabia su nombre a pesar de que nunca se habia dicho en su presencia, miró los ojos de Bleis y una sensacion extraña lo invadió.
Se sintió caer, que el piso se hundia a sus pies y giraba a su alrededor. Su cuerpo entero vibraba de maner extraña. Imagenes pasaron por sus ojos hasta fijarse en una. Un lobo gris caminaba a traves de la bruma, a orillas de un lago, olisqueando el terreno. Se detuvo a beber, y las ondas que su lengua produjo en el agua dispersaron la bruma por unos segundos, dejando ver a lo lejos un grupo de islas brillando sobre las aguas...

- Bleis es mi nombre.- dijo con voz profunda-. Un Hijo de la Luna. -.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Mar Mayo 19, 2009 2:40 pm

En cuanto se cortó el contacto, su visión volvió a la normalidad. Mareado, cayó al suelo, bañado en sudor. Bleis sólo lo miraba, a medias enternecido, a medias divertido.
-¿Qué fue todo eso? -atinó a preguntar el muchacho- Había... había algo que me resulta familiar...
Bleis sonrió y lo ayudó a incorporarse, mientras decía:
- A todos nos recuerda viejos tiempos, en los que la amada Avalon se encontraba en este mundo...
- ¿Ava qué?
Unas pisadas comenzaron a oírse a lo lejos. Bleis estaba seguro de que no serían los soldados, pero en estos tiempos que corrían uno no podía andar teniendo reuniones sospechosas en un bosque como ése.
-Escuchame, Inarus -acercó su cabeza, dejando que su mirada penetrara en el joven-. Hay veces que sentimos que nacemos para algo, que un camino nos llama como el aroma de las frambuesas en primavera... Mi visita a tu padre ni a este pueblo es casual. Volveremos a encontrarnos, porque deberías empezar tu instrucción. Mientras tanto, hazle caso a Pilgrim, él te guiará.. incluso es más listo que yo a veces -le dirigió una sonrisa pícara al ave que hinchó sus plumas, y luego, el anciano, siguió camino, con una velocidad extraordinaria...
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Jue Jun 04, 2009 9:05 am

Inarus lo miró alejarse con inquietud. Demasiadas cosas extrañas para un solo día. Sólo quería echarse a dormir y pensar que nada de esto había pasado realmente.
- Vamos, chico - lo apremió Pilgrim -. Esto recién esta empezando.
El ave voló hasta una rama alta de un árbol cercano.
- Tal vez quieras esconderte por unos minutos. Tendremos compañía-. Pilgrim miraba en dirección al pueblo.

Inarus los pensó dos segundos. Ya se estaba acostumbrando a la sabiduria del cuervo. Rapidamente se lanzó tras un arbusto y se tapó lo mejor que pudo con hojas secas.

Un sonido de pisadas se aproximó rapidamente hasta donde estaban ellos. El soldado romano que Inarus había empujado apareció jadeante ante ellos con el gladius desenvainado.
Inarus reprimió una exhalación.
El soldado avanzó unos pocos metros y se detuvo. Volvió sobre sus pasos y se paró justo bajo la rama donde Pilgrim se había posado. Debía de ser un excelente rastrador, pues comenzó a acercarse paso a paso al arbusto de Inarus.

De pronto, un silbido. Ruido de ramas, pasos ligeros y el soldado se encontró rodeado de pictos. Dos apuntaban con sus arcos, tres con la mano en la empuñadura de su espada, y uno, el que parecía ser el líder, se encontraba un poco mas atrás, con los brazos cruzados.
El romano miró asustado a su alrededor. Pero se mantuvo en pose de ataque.
Por el mismo camino que el soldado había tomado se escucharon unas pisadas lentas y pesadas. Gracus apareció en escena, su imponente cuerpo caminaba con cuidado por el bosque, mas que por precaución, como si no quisiera hacerle daño a algo.
El lider de la banda de los pictos lo miró sin emoción alguna. El soldado romano perdió toda la valentía que le quedaba y palideció.

- Teniamos un pacto, Gracus- dijo el picto. Su voz era tan profunda como la del centurión.

- Lo se, Inadril - Gracus tenía la mirada apagada y su voz no tenia inflexiones -. Este soldado desobedeció órdenes directas. No volverá a repetirse.
Al oir esto, el soldado casi se desmaya.

- Eso esperamos - los pictos bajaron sus armas y se colocaron detrás de Inadril -. El bosque es terreno neutral. No tiene por que pagar las consecuencias de nuestras guerras estúpidas.

- Lo se, Inadril - repitio Gracus -. Buen dia.
Dio media vuelta y se fue. El soldado corrió tras el, asustado.

- Ahora, - dijo Inadril una vez que los pasos dejaron de escucharse -. ¿Por que Pilgrim no ha venido a saludar a su viejo amigo?
Con una sonrisa miró al ave posada en la rama.
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MensajeTema: Re: Bitácora de un druida: los días verdes   Hoy a las 3:14 pm

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